Notas sueltas de Camagüey




En una ciudad como la nuestra con cinco siglos de historia, no solo la arquitectura forma parte de su identidad, también hay sitios que de alguna forma se identifican con esta o aquella época, o el conjunto de determinada generación cualquiera que sea el siglo que le tocara vivir.
Tenemos como ejemplo a la mano la portada de Carrasco, lugar que llegó a tener cierta fama, pues ya desde el siglo XVII se convirtió en Santa María del Puerto del Príncipe en sinónimo de despilfarro.
 
Esa fue una obra mandada a construir por el Ayuntamiento de la villa para levantar una especie de portón custodiado como punto de entrada o salida de la población por el camino hacia la costa sur.
Ese era el camino de La Cachaza y hoy forma parte de carretera que lleva al municipio de Vertientes.
Pues bien, el lugar estaba situado justo a orillas del río Tínima. Para la edificación se construyó una fábrica para elaborar ladrillos y tejas aprovechando la proximidad del río y la magnifica utilidad de la arcilla en el mismo sitio donde estaría el portón, lugar conocido desde entonces como tejar de Carrasco, barro y aguas el que a pesar de los siglos se siguen utilizando por los numerosos tejares que se levantan en esa parte de nuestra ciudad. 

Memorias de mi escuela vieja



La escuela pública no. 26 estaba casi a la entrada del reparto Ballina, entre la Carretera Central y el camino de Palomino, algo más allá de la bajada del puente de San Lázaro sobre el río Tínima, al oeste de la ciudad.
 
Construida de ladrillos y tejas sobre un humedal ni sé cuantos años pudo tener ni cómo los resistió entre las hierbas y el macío. No era en verdad una zona pantanosa, pero como el terreno formaba una hondonada, apenas caía una llovizna todo se llenaba de agua y entonces teníamos que subir a las mesas y pupitres para estar a salvo.

De las goteras, ni se diga. Media hora después de la escampada seguía lloviendo dentro.
Por supuesto que para nosotros, alumnos del primero a sexto grado, aquello era una fiesta y muy a gusto nos la pasábamos saltando de una mesa a otra o jugando a los barquitos de papel y descontinuando una buena cantidad de libretas a lo largo del curso.