El
3 de marzo de 1959, la prensa local destacó en sus titulares de
primera pagina la llegada a nuestra ciudad de la televisión,
entonces para nosotros moderna técnica, aunque ya desde 1946 hubo
intentos precursores en el país.
Hasta
entonces, la bucólica ciudad, adormecida con el chirriar de tranvías
y tinajones húmedos debatía su vida publica en media decena de
emisoras de radio y un puñado de periódicos encargados de hacerse
sistemáticamente la guerra unos a otros. Otra decena de cines se
dispersaban por nuestras calles y en ellos, aparte de películas
mexicanas, argentinas o preferentemente norteamericanas podíamos
llegar al acontecer nacional a través de noticieros producidos en La
Habana.

