Por
alguna razón de identidad o tradición, son los cultivadores de la
literatura, en especial periodistas del quehacer social cotidiano,
aquellos que, contrario a otras profesiones, gustan utilizar
seudónimos para cubrir sus nombres que, llegado el caso, algunas
veces se popularizan de tal forma que borran por completo la
identificación de la persona.
Nuestro
país no estuvo ausente en esa pagina y mucho menos en la provincia
lugareña donde, y solo a lo largo del siglo XX, encontramos mas de
medio centenar de profesionales de la prensa que utilizaron los
seudónimos, unos por romanticismo aventurero, por discreción de
apellidos “ilustres” o por habito, vaya usted a saber. Luego de
1959 en Cuba esa página de historia fue arrancada y aquel capitulo
ha pasado a ser pieza de museo, pero no por ello menos atractiva.

