Curso de verano para graduar esposas



Por supuesto que el sol de agosto es muy fuerte y ya se sabe, el calor alcanza nuestro
 desespero. Pero bueno, con cada verano siempre decimos lo mismo; que este año es más
caluroso que el anterior, que si el cambio climático. Lo cierto  es que el calor resulta agotador.
Y por eso es que los camagüeyanos tenemos la costumbre de tomar vacaciones de verano, 
especialmente en este mes y ello aunque sea para ir a sentarnos al Casino Campestre.


¿Sabes que ahora que hablamos del verano y las vacaciones, me acordé que leyendo un periódico del  año 1950 encontré algo sorprendente; por esa época, durante las vacaciones muchas instituciones sociales, por ejemplo el Liceo, el Camagüey Tenis Club, y aun la Benemérita Sociedad Popular de Santa Cecilia, organizaban para sus miembros unos cursos de verano dedicados a temas sociales y culturales, pero también venían a Camagüey para dar esos cursos, extensiones de escuelas o institutos norteamericanmodo de vida norteamericanoos con diferentes ofertas de cursillos como por ejemplo, cursos de idiomas .Incluso, en ese periódico había un anuncio donde te decían que podías aprender chino en diez lecciones.

Un domingo 26 de julio




El domingo 26 de julio de 1953 amaneció despejado sobre Camagüey. Hubo durante la semana alguna tormenta de verano hacia la costa sur pero para este día la temperatura y el sol regalaban un genuino verano tropical.

 La noche anterior Luis Pichardo, el jefe de información del periódico El Camagüeyano, esperó hasta tarde algún cable de la prensa extranjera sobre la esperada firma del armisticio en la guerra de Corea para poder cerrar el titular de la primera página, pero en Pan-mun-jon las partes en conflictos aun necesitaban un poco más de tiempo.

Avanzada la madrugada y sin otras noticias relevantes Pichardo avisó a Arteaga, el jefe de redacción de que cerrara la página y a Eduardo Adán, a cargo del Fotograbado, que ya no había otra cosa que hacer, luego bajo al taller para leer la última prueba de la plana que faltaba por fundir. En la rotativa las tejas de las restantes páginas se encontraban ensambladas a los cilindros y los maquinistas esperaban la orden de echarlos a andar.