¿Puede
usted imaginar que alguna vez en nuestra ciudad, a pesar de estar
alejada de las costas y en medio de extensas llanuras, hubo personas
que se las ingeniaron pasta dotar a Camagüey de un submarino?
Cuando
en el 1914 el entonces imperio alemán comenzó a extender su dominio
sobre el resto de Europa estalló la I Guerra Mundial. Desde un
principio Alemania tuvo en cuenta que era necesario cortar todos los
suministros que pudieran llegar de América y por eso, cuando el
primer submarino germano hundió un mercante en medio del Atlántico,
el mundo comprendió que se iniciaba un nuevo capitulo en el libro de
la historia militar.
Por
acá la prensa sensacionalista se encargó de hacer su oficio, lo que
unido a la novelería humana, sembró el pánico en numerosos países.
Fue una especie de histeria colectiva, como sucedió hace poco con
los platillos violadores.
En
Cuba incluso se llegó a ofrecer una recompensa de mil pesos para la
persona que diera información cierta sobre la presencia de
sumergibles en nuestras aguas, mientras que los periódicos
publicaban día a día un parte señalando los lugares donde se
habías visto a esas embarcaciones.
Entonces
fue cuando se le encendió la chispa a algún acólito del entonces
Presidente de la República, Mario García Menocal, ¿No estaba acaso
Cuba involucrada en una guerra?, ¿No teníamos kilómetros de costas
para proteger?


